Inteligencia emocional y la música

Por Cristina Isabel Gallegos García.

Definir es fijar con brevedad, claridad, exactitud y precisión la naturaleza de una cosa o la significación de una palabra. Siempre me ha parecido conveniente partir de una definición para introducir el tema a tratar, pero en este caso, ¿cómo se puede hablar de inteligencia si todos creemos saber de lo que estamos hablando y en realidad no se ha llegado a un acuerdo unánime sobre la definición de la misma?. Aunque parezca irónico, ello no ha impedido que se establezcan índices que midan su capacidad.

No pretendo escribir una nueva definición o clasificar, seleccionar, eliminar… lo que ya hay escrito sobre ella; ni tampoco hablar de los famosos "test de inteligencia" porque no estoy convencida de que una división entre "edad mental" y "edad cronológica" pueda predecir el éxito de una persona. Mi intención con este artículo es valorar la importancia de la música a la hora de educar las habilidades sociales de los niños.

Las habilidades sociales son las capacidades, conductas, pensamientos y emociones que conducen al sujeto a actuar de forma exitosa en una interacción social (siendo emisor o receptor de la conducta social), respetando en todo momento los derechos de las personas implicadas y adaptándose a cada situación específica.

El concepto de "inteligencia emocional" está relacionado con las capacidades de los sujetos a nivel social y personal. Según Goleman es una forma de interacción con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía… El déficit de la misma repercute en muchos aspectos de la vida cotidiana.

Centrándonos en los niños, diversos autores (Elias, Tobias, Friedlander…) también han explicado como se pueden desarrollar estas capacidades emocionales para obtener buenos resultados en su educación. Shapiro ofrece muchas actividades y juegos que ayudan a los niños a resolver problemas, cooperar con los demás, aumentar la seguridad en sí mismos…

Desde que se introdujo este concepto, hace más de diez años, muchas son las investigaciones que se han realizado sobre el mismo. La inteligencia emocional también se puede educar a través de la música. Por ejemplo, cuando nosotros estamos escuchando una obra, podemos identificar nuestras propias emociones. Algunos días preferiremos escuchar unas obras determinadas y otros días cambiaremos completamente según nuestro estado de ánimo. Es posible identificar el tipo de emociones que nos quería trasmitir el compositor que creó esa obra o el músico que la esté interpretando en ese momento.

La música es un buen vehículo para dejar aflorar las emociones. Ellas están presentes en nuestra conciencia y es bueno saber detectarlas, etiquetar correctamente nuestros propios estados emocionales, regularlos (hacer uso de nuestra capacidad de control) y aprovecharlos constructivamente. Posteriormente se pueden aplicar las mismas estrategias a los estados emocionales de las personas que nos rodean.

La música proporciona claves para el mejor crecimiento, desarrollo y evolución del ser humano. Ella nos habla íntimamente a cada uno de nosotros y su campo de expresión no conoce límite alguno: puede expresar tragedia, serenidad, alegría, tristeza…

La persona es alguien en constante hacerse a partir de sus propios actos, es decir, indeterminado psico-biológicamente de forma originaria, que va concretándose en una manera de ser y actuar cada vez más definitiva, pero siempre con posibilidad de mejora o perfeccionamiento. La música nos permite adentrarnos en el conocimiento de nosotros mismos y de los demás, en la comunicación con nuestros semejantes, en la apreciación del mundo y de sus manifestaciones…

Cuando escuchamos música es importante tener en cuenta el estado emocional. Existen muchos juegos dedicados a los niños en los que se utiliza la música para enseñarles a comunicarse en un nivel profundo y gratificante, ayudándoles de este modo a salvar el intrincado laberinto de las relaciones con los demás.

Podemos trasmitirles muchos valores al jugar con la música. La educación que éstos reciban nunca estará libre de valores. Si educar es dirigir, formar el carácter o la personalidad, llevar al individuo en una determinada dirección, la educación no puede ser neutra.

Pero no sólo a los niños, también la música nos abre la mente y el corazón a gran cantidad de emociones. En una ocasión leí que la música es amor en busca de palabras; dejemos que ese amor inunde nuestras vidas y nos ayude a valorar las capacidades humanas que realmente importan para vivir en sociedad.

Bibliografía

· Elias, M. J.; Tobias, S. E. y Friedlander, B. S. (1999): Educar con inteligencia emocional. Plaza y Janes. Barcelona.

· Gallego García, C. I. y Gallego García, Mª M. (2001) "La educación en habilidades sociales para los niños del siglo XXI". Comunicación presentada en el III Congreso Andaluz de Educación Social. Málaga. 2001.

· Goleman, D. (1996): Inteligencia emocional. Kairós. Barcelona.

· Shapiro, E. L. (1997): La inteligencia emocional de los niños. Grupo Zeta. Barcelona.